El Costo de Oportunidad Inesperado - Capítulo 7: Palabras de Hierro

 

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Capítulo 7: Palabras de Hierro

Por Sergio Cano | Bitacorastudios - La vida real profesiones 

El verano no se hizo esperar. En un abrir y cerrar de ojos, los frutos de la primavera fueron nutridos por una copiosa lluvia. De forma casi poética, junio se encargó de devolver, de golpe, toda el agua que el resto del año había retenido, desatando una tormenta que imbuía la ciudad de una atmósfera digna de un libro de suspenso gótico.

Esa tarde, Mateo regresaba del trabajo empapado de pies a cabeza, pero portando una sonrisa que contrastaba con el tono gris de la ciudad. A distancia podía percibirse cómo esa sonrisa irradiaba un amarillo vívido a su alrededor y contagiaba a quien se cruzara en el camino del muchacho.

—¡Buenas tardes! —decía al cruzarse con cualquier desconocido, y con cada persona que encontraba, esa sonrisa crecía más. Sentía tal felicidad en la "barriga" que no podía contenerla; era como si se desbordara por cuenta propia.

Unas horas antes, al llegar al trabajo a las 6:00 a.m. como era su costumbre, se encontró con el dueño, un hombre ya entrado en años, honesto, trabajador y de buen corazón, que en su momento dio al muchacho la oportunidad de demostrar al mundo que podía cambiar con su primer empleo como hombre de bien. Nadie conocía mejor a Mateo, pues fue justo él quien lo había enviado a la cárcel por robar pan tiempo atrás, por lo que había sido testigo de primera fila en la transformación del muchacho. Don Joaquín le explicó a Mateo que había decidido retirarse y quería que él se encargara de la tienda. Esa noticia lo llenó de orgullo, pues era la recompensa perfecta a sus esfuerzos. Una promoción bien ganada, pues desde que el muchacho hiciera el primer trato con Don Joaquín por el litro de leche y comenzara con sus ideas de los 20 segundos para cualquier cosa en la tienda, no hacía más que buscar formas de hacer todo de manera más eficiente.

—¡Don Joaquín, ¿qué le parece si ponemos los sabores de los cafés más cerca de la máquina?! —sugirió Mateo en una ocasión—. Así será más probable que elijan tomarlos que si tuvieran que pedirlos en la caja como siempre.

—Don Joaquín, ¿qué tal si ponemos un anuncio fuera con la charola del pan del final del día para que los menos afortunados los tomen y no pasen la noche con el estómago vacío? De cualquier manera, lo vamos a tirar.

Ideas como esas hicieron cambios significativos en la tienda, aumentando ventas y reduciendo la merma. Además, se dieron menos robos; las personas que tomaban el pan no se veían en necesidad de robar, y por el contrario, su presencia fuera del local por las noches ahuyentaba a cualquier maleante.

Con toda la felicidad que sentía, Mateo compró una camisa de segunda mano para celebrar la ocasión y marcar el comienzo de su nuevo puesto. Recordó que Don Elías siempre decía: "Si quieres que una prenda luzca impecable, ve con Luciano. Él entiende la importancia de un atuendo bien cuidado, que no solo protege del ambiente, sino que puede dotar de valor y seguridad a quien lo porta, protegiéndolo así también de las inclemencias emocionales". 

Así que sin pensarlo dos veces, hizo una visita a un hombre que, por las pláticas de Don Elías, ya sentía como un amigo aun sin conocerlo en persona.

—Buenas tardes, ¿Don Luciano?

—¡Adelante, muchacho! ¿En qué puedo servirte?

—Verá, vengo aquí por recomendación de Don Elías.

Luciano sonrió, apoyándose en el mostrador.

—No digas más, ya sé quién eres. ¿Eres Mateo, verdad?

—Sí, ¿cómo lo supo?

—Ese viejo no hace más que hablar de ti. ¡Y además, su círculo suele rondar los setenta años! Así que no es difícil identificar al único joven con quien convive tanto como para hablarle de esta tienda, que por cierto está a un paso de ser reconocida como el asilo de la ciudad, pues solo los viejos la frecuentan.

—Qué va, más que viejos yo les diría conocedores —replicó Mateo con una risa.

—¡Eso es, muchacho! Ya me caíste bien. ¿Entonces qué te trae por aquí?

—Verá, acabo de recibir la noticia de que me dejarán a cargo de la tienda. Como el presupuesto es apretado, pero quiero celebrarlo, compré esta camisa en la tienda de segunda mano. De acuerdo con Don Elías, si hay alguien que pueda regresar su brillo a las cosas es usted, y yo la quiero resplandeciente para el lunes.

Luciano tomó la camisa, inspeccionándola con ojo experto.

—No solo brillarás, sino que vas a deslumbrar a las personas, muchacho. Cuenta con ello.

—¿Qué traes en esa bolsa? —preguntó Luciano, señalando un bulto en la mano de Mateo.

Mateo desató la bolsa de papel. —Son unos chocolates. Sabe, hace tiempo que paso por la fuente y vi a una niña vendiendo chicles de manera regular. El otro día Don Elías me dio cien pesos para que yo hiciera un cambio y decidí ayudarla para que regresara a la escuela. Esos cien pesos me permitieron comprarle sus chicles y ahora se venden en la tienda como "chicles con propósito"; cuestan más que los normales, pero la gente sabe que hace una buena obra. Esta tarde la niña se acercó conmigo y me trajo esta caja de chocolates. Me dijo que del dinero que yo le doy estuvo guardando un poco hasta que pudo comprar una caja y ahora quiere que la venda en la tienda para que su hermanito también pueda ir a la escuela.

Mateo suspiró, su entusiasmo estaba ligeramente empañado por la duda. —La tomé, pero no estoy seguro de que este sea el mejor camino. Si solo me limito a venderles baratijas, ellos jamás saldrán de la pobreza. Y yo no quiero que esa niña se conforme con migajas. Creo que no basta con cambiar la mentalidad de la niña, esa ya se está transformando y seguramente ella transformará la de su hermano. Creo que quienes tienen que cambiar son sus padres. Si sigo vendiendo los dulces de sus hijos solo generaré dependencia en mí, y son ellos los responsables de los niños. Además, más que velar por su seguridad económica, deben ver que las ideas de crecimiento prevalezcan; si no, se desvanecerán al primer problema.

Luciano escuchaba con atención, asintiendo. —Me gusta tu actitud, muchacho. Así piensan los grandes. Pero eso va a estar difícil. Yo conozco al padre. Resulta que de vez en cuando ocupo quien me ayude a cargar ropa de la tienda al centro de lavado. Suelo tener empleados de fijo, pero cuando hay demasiada ropa, empleo al padre de la niña. La verdad es que es alguien que "se rinde rápido". Yo les pago por viaje, y a veces tengo más de uno, pero él se conforma con uno y se retira porque "ya está cansado". La madre intenta hacer maravillas estirando ese dinero, pero nunca he visto que intente conseguir algún empleo. Si vas a hablar con ellos, debes estar preparado con un plan, no con un sermón. De por sí sentirán que les echas en cara que son pobres. Ahora, si les explicas que esa pobreza es por su falta de perseverancia, seguro te sacan de la casa a patadas.

—Si algo he aprendido de Don Elías es que las palabras adecuadas pueden mover engranes oxidados por desuso —dijo Mateo, pensativo.

—Me haría un gran favor si me da la dirección. —añadió Mateo, cargado de una seriedad con aire de decisión definitiva.

—Claro, y a ver, déjame esa caja de chocolates aquí. ¿Qué te parece si la ponemos aquí en el mostrador con uno de tus carteles? Así tendrás dos puntos de venta para tus dulces con propósito, y podrás ayudar a más personas. —dijo Luciano, mientras hacía espacio.

—Es usted una gran persona, Don Luciano, se lo agradezco.

—Nada que agradecer, muchacho. Uno cosecha lo que siembra, y tú estás haciendo bien, así que te vas a encontrar muchas personas dispuestas a ayudarte. Solo hay una cosa mejor que ayudar a los desvalidos, enseñarles a ayudarse solos. Y eso es justamente lo que estás a punto de hacer. No te olvides de contarme cómo te fue.

Al salir, Mateo fue directamente a la casa de la niña. Parecía como si temiera que su determinación se desvaneciera con el tiempo, así que quería dar trámite a esa charla cuanto antes.

Al llegar, encontró una casa sumida en una pobreza extrema. Justo al frente se encontraba el tendedero con el uniforme de la niña recién lavado; la madre, cuidadosamente, había puesto unas bolsas de plástico a manera de carpa para protegerla. Mateo supo al instante que la madre realmente sentía orgullo por lo que su hija estaba haciendo.

Tocó la puerta decididamente y fue justo el hermano pequeño quien abrió. Detrás de él apareció la madre, con una ropa tan vieja que parecía que se rompería al primer roce. Mateo se presentó y la madre lo invitó a pasar de inmediato. Pudo notar que la casa estaba limpia y las cosas ordenadas. Eso le hizo entender que la madre era una persona responsable, lo que le hizo preguntarse qué era entonces lo que pasaba.

—¿Qué lo trae por aquí, joven? —dijo la madre, mientras acercaba una vieja silla remendada por doquier.

—Muchas gracias —dijo Mateo, mientras tomaba asiento, esbozando una sonrisa.

—No sé si su niña le contó algo de mí, pero soy el muchacho que le compra los chicles y los vende en la tienda.

—Claro, sé perfectamente quién es. Clara no para de hablar de usted. Le está muy agradecida, sabe, y lo ve como un ejemplo a seguir.

Mateo esbozó una sonrisa. Clara, qué nombre más perfecto para la primera luz que se encendió e iluminó la oscuridad de esta familia, pensó.

—Yo por mi parte también le estoy sumamente agradecida por haberle dado una oportunidad de estudiar a mi hija, algo que yo no tuve nunca y que por lo mismo ni siquiera había considerado para mis hijos, pues siempre pensé que eso no era para nosotros. Mi familia nació pobre, igual que la de mi marido, ¿sabe? Y nuestros padres nos enseñaron que mientras menos quieres, menos sufres por tu carencia.

Mateo suspiró, entendiéndolo todo. No era falta de interés, era un paradigma de incapacidad y de pobreza arraigado en lo más profundo de los padres lo que estaba detrás del problema.

—Le agradezco mucho la sinceridad, señora —dijo Mateo, mientras sacaba un paquete de jamón y una bolsa de pan que había traído de la tienda. —Mire, les traje este pequeño detalle por la intromisión a su casa.

—No tenía que molestarse, ya nos ha ayudado mucho —dijo la madre, avergonzada.

En ese momento se abrió la puerta detrás de ellos y el padre de la niña cruzó por el umbral.

—Bienvenido —dijo la madre, mientras señalaba al joven—. Nos visita el joven que ayudó a Clara.

—Ah, ¿cómo le va, joven? Bienvenido a nuestra humilde casa. Somos pobres y la verdad tenemos muchas carencias, pero lo poco que tenemos está a su disposición.

Mateo miró al hombre y le dijo: —Sabe qué es lo que realmente me ayudaría muchísimo? Si me regala un par de minutos. En esos minutos, permítame hablar sin interrupciones, y cuando termine, entonces puede decirme lo que piensa.

—Claro, es lo menos que podemos hacer por usted —dijeron ambos padres.

—Yo no soy quién para venir a su hogar y hablar de acciones buenas o malas, solo sé que soy alguien que recibió una segunda oportunidad, probablemente inmerecida incluso, y que sabe lo importante que es la forma de pensar en nuestras acciones y en cómo nos va en la vida. Le puedo decir de experiencia propia que fueron las palabras del viejo del parque las que me hicieron abrir los ojos y hoy les pido estos minutos no para juzgarlos, sino para tratar de hacerles ver que afuera hay una vida diferente a su disposición si están dispuestos a luchar por ella. Sabe, hay una cosa que me preocupa mucho, y es que en sus hijos ya se está gestando la semilla del cambio. Ellos ya empiezan a tener sueños, en especial Clara. Ha aprendido que hay formas de tener el tiempo para ir a la escuela, algo que, según sus propias palabras, toda la vida pensaron que no era para ellos. Ella está comenzando a esparcir esa semilla en su hermano y hoy ha ido a verme saliendo de la escuela y me ha llevado una caja de chocolates para que le ayude a venderla para que su hermano también pueda estudiar. Eso habla de que entiende que las cosas no son gratis, pero con la estrategia adecuada pueden alcanzarse. Mi viejo mentor me hizo entender que uno ve las cosas como quiere, y yo quisiera que ustedes comprendieran que, pese a que sus circunstancias son sumamente difíciles, hay oportunidades ocultas y las cosas pueden ser suyas si luchan por ellas. La suerte no se define en el nacimiento, la suerte se forja con esfuerzo, con metas alcanzables que no ahoguen los sueños, sino que los fomenten con cada logro alcanzado. Así lo he vivido yo estos últimos meses y es un ciclo constructivo que te va llevando cada vez más alto, y no hablo solo de una mejora económica, sino emocional; cada vez sueñas más grande y cada vez sueñas con que las personas vivan eso que sientes en "la barriga", esa emoción y esa felicidad. Uno quisiera que el mundo la sintiera y yo quisiera que ustedes se contagiaran de esto, que entendieran que sus propios sueños pueden nutrir los de sus hijos, pero sus inseguridades pueden terminar apagándolos. Si ustedes no rompen con ese paradigma que han venido cargando en la familia por tantos años, sus hijos vivirán exactamente igual que ustedes y por el orgullo que puedo sentir en sus palabras al hablar de Clara y el cuidado inmaculado de su uniforme, puedo percibir que ustedes quieren que ellos prosperen. Ese crecimiento debe comenzar en ustedes como los cimientos de esta familia. Perdonen mi intromisión y por cruzar una línea que probablemente invade no solo su hogar sino su orgullo, pero mi intención no es humillarlos, sino por el contrario, hacerles ver lo mucho de lo que son capaces, y todo lo que "se merecen", al contrario de lo que ustedes creen. Tienen salud y son buenas personas; si tan solo creyeran más en ustedes y en los frutos del esfuerzo, yo se que harían grandes cosas. Hoy he pasado por el local de Luciano y he visto que tiene algo de trabajo. Ese poco dinero bien administrado e invertido seguro que puede hacer un cambio. Se los digo yo que empecé con cien pesos y hoy puedo darle a Clara su dinero de los chicles y además he podido ahorrar quinientos pesos. Ahora estoy pensando cómo invertirlos mejor, porque si los sigo reinvirtiendo en chicles, la ganancia será muy poca. Creo que, si los reinvierto en algo más, podré generar más ganancias. Si usted está de acuerdo, yo estaría encantado de ver con usted cómo hacer crecer ese poco dinero extra que logre ganar, ¿qué le parece?

Los padres guardaron silencio por un rato y Mateo temía lo peor. Por un instante pensó que el padre lo sacara a patadas, justo como le dijo Luciano.

Sin embargo, al terminar, la madre soltó el llanto y el padre solo pudo decir: —Muchas gracias. No por la oferta de ayudarme con ideas para invertir el dinero extra que yo haga, sino por decirnos que las cosas que hay afuera sí pueden ser para nosotros, por tonto que parezca cuando uno está dentro de este círculo de conformismo tan arraigado no ve las oportunidades, pues como le dijo mi esposa, nuestros padres nos enseñaron a no desear para no sufrir. Lo que realmente me ha convencido no es su argumento sino su historia; el hecho de venir de alguien en una situación igual o más difícil me hace creer que yo también puedo. Le aseguro que tomaré tantos viajes como sea posible con Luciano y en cuanto tenga un poco ahorrado, iré con usted y le tomaré la palabra, buscaremos cómo hacerlo crecer. 

Los ojos de Mateo se humedecieron, pero el muchacho guardó compostura y lo único que pudo responder fue: —Gracias por creer en mí. Sé la responsabilidad que me acabo de echar encima y estoy dispuesto a luchar por hacer valer cada palabra que he dicho.

Al salir de la casa de Clara, la tarde comenzaba a ceder el paso a la noche. Él sabía que era tarde, pero no quería irse a su casa sin hacerle una visita a Don Elías y contarle cómo había salido todo.

Al llegar a la casa, encontró las luces aún encendidas, lo que lo animó a tocar.

—¡Pase! —respondió Don Elías desde adentro, al tiempo que tosía varias veces.

El muchacho entró y lo primero que dijo fue: —¿Cómo se le ocurre decir "pase" sin saber quién es y, peor aún, cómo puede tener la puerta sin seguro?

—¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Que se meta algún maleante? —preguntó Don Elías, mientras se reía y tosía de nuevo.

—Yo no soy un maleante, si es a lo que se refiere, pero sé cómo serlo, así que no me busque, porque en una de esas tomo el tostador y salgo corriendo —dijo Mateo, riéndose.

—Mateo, no sabes lo bien que me hace sentir tu visita. Necesitaba esa risa para recobrar las fuerzas.

Hace rato que no lo veo en el parque, ¿qué pasó? —dijo Mateo, preocupado.

—Nada, solo son los achaques de la edad, ya sabe, los viejos nos enfermamos por todo, pero esto pasará, ya verá, dentro de poco me verá en el parque como de costumbre.

Elías se mentía a sí mismo. Él sabía que esto no pasaría, de hecho, probablemente empeoraría, pero el muchacho no tenía por qué preocuparse. Él estaba ahí para traer esperanza a Mateo, no para entorpecer su progreso.

—¿Y qué libro lee ahora? —preguntó Mateo con curiosidad, mientras acercaba una silla a la cama de Don Elías.

—Ah, no es un libro. Finalmente saqué de su empaque esta vieja agenda y esta pluma que han esperado décadas en la oscuridad.

—¿Y por qué no las sacaba?

—Sabes, mi esposa me las dio cuando aún estaba con vida, justo antes de que nos separáramos por mi exceso de trabajo y la poca atención que yo le ponía.

—¿Usted? Pero si es la persona más atenta que conozco y la que mejor balancea su tiempo.

—Pero eso no ha sido gratis, muchacho, es el resultado de incontables errores. Como te dije, los errores son oportunidades de aprender y mejorar. Lo que ves hoy es la versión mejorada de un joven deseoso de éxito y reconocimiento que no supo dar el tiempo a las personas importantes de su vida y lo sacrificó todo por un sueño, descuidando la realidad. Siempre he sido un lector empedernido, así que en las pocas veces que pasaba tiempo con mi esposa no paraba de contarle de mis historias y ella me decía: "¿Cuándo escribirás la tuya?". A lo que yo siempre decía: "Un día de estos, ya verás". Ella sonreía, aunque sabía que probablemente eso nunca pasaría. Justo antes de separarnos me dio esta agenda y me dijo: "Sé que un día te llegará una inspiración incontrolable y ese día no esperarás a tener el tiempo de escribir, sino que te harás el tiempo, usa esta agenda. La mitad tiene un calendario donde puedes reservar los días que necesites para escribir y la otra mitad tiene un cuaderno, donde puedes escribir tu libro". Lo guardé por años, primero porque era un recuerdo muy difícil de enfrentar; no solo me recordaba la ausencia de la persona que más amé y al mismo tiempo que más descuidé. Luego, cuando finalmente encontré el valor, simplemente no tenía una historia digna de escribirse en tan valioso cuaderno y no quería escribir en ningún otro, pues le debía a mi esposa el escribir mi primer libro en su agenda.

—¿Entonces ya encontró qué escribir? —preguntó Mateo con emoción y genuino interés.

—No, en realidad el libro me encontró a mí —respondió Don Elías, mirándolo, esbozando una sonrisa. Como de costumbre, Mateo no entendió que hablaba de él.

—¿Y no puede contarme de qué trata?

—Por ahora no, pero un día lo verás, te lo puedo asegurar.

—Vamos, deme algo —dijo el muchacho.

Elías dijo: —Bueno, te diré que estoy en el capítulo 7 y estoy pensando titularlo "El poder de la palabra que construye".

—Va, eso no me dice nada, igual está codificado con sus versos de poeta empedernido.

—Estoy seguro de que pronto los entenderás —dijo Elías, mientras ponía el cuaderno de vuelta en su mesita de noche.

Así pasaron más tiempo charlando y riendo. Mateo aprovechó el tiempo para contarle su emocionante aventura y Elías sintió que el corazón le explotaba de orgullo. Como bien había dicho, sus días de maestro habían terminado, el muchacho se estaba convirtiendo en un maestro de otros, en un verdadero líder.

Al despedirse, Elías prometió a Mateo que pronto lo vería en el parque y Mateo, como siempre, creyó en todo lo que él decía.

Antes de salir, le dijo Elías al muchacho: —Toma los cien pesos de mi cartera. Ese dinero será para diversificarnos. Mañana compra algo que no sean dulces y llévalo con Aurelio. Dile que de favor nos ayude a venderlo en el Búfet jurídico.

El muchacho ya ni siquiera intentaba rechazar el dinero. Él sabía que para cualquier cosa que dijera, Elías tendría algo grandilocuente que decirle y que él no podría refutar. Además, la idea del viejo era excelente: no toda la gente come dulces, pero hay otras cosas que consumen.

—En mi próxima visita al parque, cuéntame qué compraste.

Tengo que llegar al final, se lo debo al muchacho, a mi esposa y a mí mismo.

Diagrama del equilibrio de la comunicación asertiva que muestra una balanza con tres conceptos: Agresividad (esfera roja con picos), Sumisión (esfera azul ondulada) y Asertividad (esfera verde central con una marca de verificación). El diseño representa el equilibrio perfecto entre la fuerza y la dignidad.



🚀 Próximos Pasos de Liderazgo

1. El Poder de la Palabra: Comunicación Asertiva

En la lección de hoy, Mateo nos enseña que el liderazgo no se ejerce con gritos, sino con "Palabras de Hierro". Lograr que los padres de Clara escucharan sin sentirse atacados es el nivel más alto de la comunicación asertiva. Esta semana, identifica una conversación difícil que hayas estado postergando. No vayas con un sermón, ve con un plan. Recuerda: Las palabras adecuadas pueden mover engranes oxidados por el desuso.

2. El Despertar del Maestro: El Legado de la Agenda

Prepárate para la próxima entrega. Mientras Mateo expande su impacto, Don Elías ha comenzado a escribir en la vieja agenda de su esposa. En el Capítulo 8, veremos cómo Mateo intenta "diversificar" la inversión de Elías en terrenos desconocidos: el bufete jurídico de Aurelio. ¿Podrá Mateo mantener su esencia frente a la ambición de los nuevos abogados? La historia apenas comienza a escribirse.

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3. Conecta con la Comunidad

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4. Lectura Adicional para Profundizar

Mientras se escribe el siguiente capítulo, te invito a explorar estos artículos de mi repositorio que conectan con la esencia de hoy:


🗣️ [El Poder del Lenguaje Corporal: Cómo Comunicarte de Manera Efectiva sin Palabras] – Mateo necesitó más que palabras para convencer al padre de Clara; necesitó presencia y seguridad.



🏛️ [¿Puedes ser estoico en un mundo caótico?] – La capacidad de Mateo para mantener la calma ante la pobreza y la desesperación de los padres es puro estoicismo en acción.



🤝 [Habilidades Blandas (Soft Skills) más Demandadas en 2025] – La negociación y la empatía demostradas hoy son las competencias que definen al líder del futuro.



🏦 [El Costo de Oportunidad Inesperado: Índice de Capítulos] – ¿Te perdiste algún detalle? Accede a la hoja de ruta completa y revive la evolución de Mateo.

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